Tapita del 31 de Diciembre del 2012.Improvisación GGP x 79 ( sobre el año nuevo)

31 12 2012

31 Diciecmebre 2012

ILUSTRACIÓN: Dibujo hecho sobre barro blando y luego cocido.Gualberto

Tapita del 31 de Diciembre

[audio https://gualbertogarcia.files.wordpress.com/2012/12/31-diciembre-2012.mp3]

Bueno ya hacia tiempo que no podía poner ninguna tapita y no quería entrar en un año nuevo sin poner una tapita, así que aquí estála de hoy eel 31 de Diciembre de 2012.

En realidad el que sea año nuevo no creo que tenga que ser nada especial como para hacer una gran fiesta y volverse loco, a mi más bien me gusta pasarlo tranquilo con la familia, o sea meto el fin de año en el mismo saco que la Navidad formando un todo homogéneo y maravilloso; ahora bien, toda excusa para estar con los amigos o familiares y pasarlo bien me parece perfecto y en ese sentido el año nuevo es una buena ocasión para pasarlo bien y si hay que comer 12 uvas la comeremos con alegría  y con optimismo, para empezar el año bien, y la sopa de marisco y los langostinos y el cordero… me gustan más que las uvas la verdad sea dicha.

Así que la Tapita de hoy es para que no falte la música en fin de año (el que quiera oirla) .

Y si no tuviera ni sopa de marisco ni langostinos ni uvas  no cordero también me lo pasaría bien…pero sin música no me imagino; de todas formas después de las uvas todo el mundo sale fuera a la calle a mirar las estrellas y los fuegos artificiales y todos nos sentimos pequeños  ante la inmensidad del universo lleno de color de los fuegos artificiales que da esperanza y optimismo al planeta entero.

¡!Que tengáis un Feliz y próspero año Nuevo!!

 

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9 responses

31 12 2012
floro

felices fiestas gualberto)estoy escuchando este tema…espero que en el 2013 sigas con las tapitas,el sitar me encanta!!!!!y me relaja un monton ..gracias por ello ,yo tengo uno de esos de 500 euros,y hago lo que puedo,escucho y aprendo si es que aprendo algo.
un saludo desde bilbao(namaste)
floro orive

1 01 2013
Gualberto Garcia

Hola amigo Floro, Felices fiestas para ti y tu familia, si estuvieras por aquí podríamos tocar una Tapita con dos sitares.
Un abrazo

1 01 2013
Rosa María Romero

Feliz año, Gualberto.Ojalá que este año sigas disfrutando de la vida y que nos regales con retazos tan bellos de tu arte. Un abrazo con respeto y cariño.

1 01 2013
Gualberto Garcia

Hola Rosa feliz año nuevo, y que sigas componiendo tus bellos haikus, por cierto me gusta mucho el de hoy !!Hola año nuevo…demuestras ecuanimidad en el mirar las cosas.
Un abrazo
Gualberto

1 01 2013
Gonzalo Pozo Lepe

Amigo Gualberto, nada que añadir a tu comentario porque lo comparto en su totalidad.

En cuanto a la música de la tapita, solo puedo desear que ojalá el nuevo año nos obsequie la paz que ésta transmite.

Mis mejores deseos para todos.

Gonzalo

2 01 2013
Fuentedelaspalomas

Yo tampoco soy amante de cotillones y fiestas por todo lo alto… creo. Pero ayer me recogí a las ocho de la mañana, casi casi como otra Nochevieja de hace un montón de años. Bueno: la verdad es que casi casi todo fue como aquella Nochevieja…

Podían ser principios de los noventa… Yo salí de la academia de Lourdes en Junio del 95, y recuerdo que el traje me sirvió después el alguna ocasión para ir a algún ballet al Maestranza… y iba con mi maestra… osea, que 91, 92, 93… por ahí andaría. Resulta que como a veces resulta incómodo -muy incómodo- hacer algo distinto de lo que hace el 99’9% de la gente que, se supone, es “como tú”, hace muchos años, era yo una adolescente, “accedí” a ir a una fiesta de Nochevieja. Me jodió no se puede usted imaginar cómo gastarme el dinero de la entrada en la entrada, del traje, en el traje (por supuesto, de esos de los que te los pones en Agosto y te pillas una pulmonía, típico de Nochevieja, para que todo el mundo estuviese contento…). Con ese dinero, yo pensaba… ¿cuántos maillots, medias, zapatillas, o libros de Danza me hubiera podido comprar…?. Pero bueno… supongamos que en casa eso de la Danza era menos importante que tener una vida social satisfactoria. Total… de eso no se vive (palabras TEXTUALES de miiiiiiles de sermones de aquella etapa, y de muchas etapas). Suerte que una ha aprendido a reírse de según qué cosas, y hoy pues son un gag más de humor que otra cosa.

Aquella noche llovía, como ésta. Bueno, no… como ésta no: aquella noche llovió más que cuando enterraron a Bigote. Y un frío… Pues con todo y eso, a la una más o menos me llevaron, en coche, a la fiesta… en la otra punta de la ciudad. Un lugar que yo no conocía de nada… Sólo recuerdo un azulejo dedicado a Antonio el Bailarín, y una estatua de un niño sentado, que ni puñetera idea de lo que era. Aquello estaba poco antes de llegar a La Resolana, entrando por Torneo, y según mi padre, que iba de chófer, aquella zona se llamaba San Vicente y de allí salía una cofradía del Miércoles Santo cuyos nazarenos iban vestidos de fraile pero con capirote. Si me hubiera llevado a la China, estaría igual de desorientada. No había pisado por allí ni de visita.

Bueno… la verdad es que había gente más o menos conocida: amigos de mi hermano, una prima mía, algunas amigas de mi prima que resulta que yo las conocía de que también eran alumnas de Lourdes Moreno… en fin: muchachos “muy formalitos”, muy bien educados… todo estupendo. Pues nada… vamos al lío.

Llego, y me encuentro que de comer hay unos cuantos emparedados. Pues cojo alguno, mi coca-cola… Yo antes bebía todavía menos que ahora, y ahora me bebe en media hora un chupito de vino de naranja los Sábados que no tengo que hacer después de almorzar, y ya en la Sabatina de la Pastora por la noche ni cerveza con alcohol, porque es que la cojo… Vamos, que la cojo fijo, que me mareo, de veras, jajajajajaja. Bueno… empiezo la noche con una recomendación de mi prima: piña con un poquito de vodka. Pues bien: estupendo… no está malo. La piña sola igualmente está buena pero bueno… por probar…

Antes de terminarme la piña con vodka ya tenía la cabeza como un bombo. Resulta que una estaba acostumbrada a Falla, a Albéniz, a Bretón… a Vallejo… y al sonido de aquel viejo, pero buenísimo, equipo de música de mi academia de barrio, modulado por Jorge, el marido de mi pijísima maestra, que además era un puto crack en cuanto a audiovisuales se refería. Entre que él entendía del tema, y que ella era puñetita (perfeccionista) hasta el extremo… aquello, menos cuando llovía, que el aparato hacía interferencias y no había quién lo domara, sonaba a Gloria Bendita. Pues en la fiesta resulta que había “música variada”… mmmmm… Bacalao, acid, locomía… a toda pastilla, en un aparato que distorsionaba de ponerlo tan alto… y venga… cunta, chunta, chunta… ¡¡¡Y un frío!!!.

No hubo más que una fuente de emparedados. Eso sí: se podía beber. Y ahí me tenéis, sentada, harta de chunta, chunta, con más frío que un pollito chico, con un hambre del quince, y un vaso de coca-cola. ¡¡¡Venga, baila, mujer!!!. ¿Bailar?… ¿Se referís a… a eso que están haciendo esos?. Esa… ¿qué escuela de Danza es, miarma?… ¿es nueva?.

Los superformales amigos de mi hermano, que en casa no hablaban por no molestar, resulta que se empezaron a “mojar” (por dentro, me refiero) y no los conocía ni su padre. Uno de ellos creo que hasta me cogió el culo. Patético… Pude recordárselo después de Reyes cuando venían a estudiar con mi hermano, pero no tengo tan mala leche. Además… no creo que me creyeran ni ellos mismos y, evidentemente, no creo que se acordaran. (Sigo luego…)

2 01 2013
Fuentedelaspalomas

Bueno… pues mi hermano entonces estaba en un grupillo con dos o tres amigos. Hacían versiones de Santana… el ‘nockin on heavens doors de Guns and Roses (sí,… ya sé que no es de Guns and Roses, pero para mí entonces, sí, porque era lo único que había escuchado, cuando mi hermano se encerraba en su cuarto… mientras yo ponía a Mari Fé de Triana o aquel disco viejo de éxitos del 79 donded sonaban You can ring my bell, Logical Song, Amanecer en el Puerto, Échale la culpa al Bugui…). Mi hermano no estaba. Creo que se puso enfermo dos o tres días antes, o que iba a otra fiesta con otro grupo de amigos, no me acuerdo. Pero el resto del grupo, sí. Se llevaron las guitarras, los amplis… Bueno… mejor que el chunta, chunta, seguro (pensé yo cuando se pusieron a tocar). Tocaron algo. Sonaba francamente mal. No es que fueran tan malos… la verdad es que no eran Alameda, pero tan malos, tan malos no eran. Pero aquella noche sonaron para ponerse dos tapones en las orejas. Tampoco era tan extraño: estaban como cubas. Lo raro es que atinaran a tocar las cuerdas de las guitarras. No sé cómo alguno no se la puso al revés, porque lo que es verlas… dudo que las vieran con alguna nitidez.

A todo esto, resulta que entre ellos alguna discusión tuvo que haber… posiblemente unos querían tocar algo y otros otra cosa… cualquier tontería. Lo cierto es que uno de ellos se cabrea y le dice a otro una barbaridad (no recuerdo cuñal) y se va, sale de la fiesta… según dicen los de alrededor, en dirección a La Alameda (¿La Alameda?. ¿Pero desde aquí se puede llegar a La Alameda?…). Detrás de él se va el otro, herido en su orgullo (su orgullo que además estaba bastante calentito y tan borracho como él), dispuesto a darle una paliza. Y detrás de los dos otros dos, un poco más serenos (sólo un poco) intentando hacerlos entrar en razón. Estoy hablando de La Alameda en los noventa. El “no niego que t’he querío” quedaba ya lejos y se había quedado pequeño. En el setenta y nueve había que tenerlos de acero galvanizao para decirle a La Alameda “no niego que t’he querío”. En los noventa había que estar mamao o a pique de entrar en algo que se le pareciera a aquel Miraflores acabado de cerrar por aquellos entonces. La lacra de la droga había hecho de aquel paseo que fue la cuna de la vanguardia de mi ciudad desde el siglo dieciocho, un lodazal insalubre de muerte y de inseguridad. Al menos, eso es lo que llegaba a los oídos de cualquier muchacho de cualquier barrio de fuera de las murallas.

Aquello ya pasaba de castaño a oscuro. Era demasiado para una chiquilla a la que le daban tres patadas los cotillones, que había ido voluntariamente obligada para no escuchar los cantos angelicales de toda la familia durante todas las navidades, y para que la dejaran tranquila ensayar por las mañanas hasta que tuviera que volver al instituto, gastándose lo que ya había destinado a libros de Danza de esos que traía Casa Damas a la calle Sierpes, o música clásica española en Sevilla Rock, esa tienda de discos que estaba al lado de Simago y tenía de todo y a precio asequible para quien sólo contaba con lo que juntaba de aguinaldos, cumpleaños y santos… y alguna que otra sisa en material del instituto o en la merienda de media mañana. Aquella chiquilla que no podía irse a su casa porque no tenía con quién… que debía esperar muerta de frío, de asco y de hambre hasta que terminara la fiesta. Esto fue… sobre las siete de la mañana. De la fiesta nos fuimos a comer chocolate con churros, no recuerdo dónde, creo que en un puesto callejero.

Juré y perjuré por mi vida dos cosas: La primera, que no volvería a ir a un cotillón, fiesta de Nochevieja, entrada de año y/o cosas por el estilo. ¡¡¡JAMÁS!!!. ¡¡¡EN LA VIDA!!!. La segunda que no volvía a pisar San Vicente, San Antonio y La Alameda así me muriera.

… Mira por dónde… Ni San Vicente, ni San Antonio, ni La Alameda… Anda que me pasó como al General Caster: donde puse el ojo, puse la bala…

2 01 2013
Fuentedelaspalomas

Y el tiempo pasó… Ya lo creo que pasó… En aquel instituto me llevé lo mío, y luego fui a otro. Y después, con las mismas ganas que iba al instituto, y con las mismas que fui al cotillón, entré en la Universidad, en una carrera de tres años. Bueno: de tres CURSOS. Años me llevé ocho… hasta que la terminé, porque, como en el cotillón, no encontré combina para irme antes.

Después de la Universidad… mejor me lo reservo. A veces hay cosas que es mejor reservarse, al menos de vez en cuando. Aprovechar cualquier resquicio de luz y saltar de ellas, como decía aquella canción antigua de los Tartesos, aludiendo a un “tiempo muerto”, huero, como alquellos días, meses, años… de los que, al menos hasta que tomes una distancia de ellos, poco o nada puedes aprender, y sólo puedes aprehender lo que no debes.

La chiquilla, ahora ya no tan chiquilla, que no podía vivir sin dejar de bailar un día, aprendió a no-vivir durante muchos días, y descubrió que para eso no hacía falta ensayar. No me dio por beber, ni por meterme nada ilegal por las venas… Pero engordé veintitantos kilos. Comer no quita penas, pero atonta, y no cuesta demasiado. Para beber me tenía que esconder, para fumar maría tenía que comprarla (y no tenía ni pa pipas, ¿iba a tener pa’ maría?. Pero para comer solamente tenía que abrir la nevera. Mientras estuviera dispuesta y preparada para todo lo demás… y mientras no fuera obesa mórbida… nadie iba, ni fue, a saco contra una gordita que, encima, tenía que dar la fachada de feliz, porque al fin y al cabo… no estaba pasando nada, ¿no?… Y encima, ya de guinda, dejaba de parecer artista… ¡¡¡mejor imposible!!!: coje unos kilitos y se le quita esa obsesión de la Danza de la chorla… Algún día tendría que madurar y hacerse adulta la muchacha…

Y entre tanto, volví a pisar, casualmente, San Vicente, San Antonio, La Alameda. ¿Dije casualmente?. Bueno… quizá no fue casual, sino causalmente. Sabe Dios. Y lo había jurado por mi vida. Pero al fin y al cabo, la vida de una bailarina que dejaba de bailar sin remedio no tenía demasiada chicha, y con la que tenía encima, ¿me iba a acordar yo ahora de lo que juré con quince o dieciséis años?. Pa’ niñatás estaba… No sólo volví a pasar, sino que me quedé. No… a ver… verás… yo iba a menudo, y por patas volvía. En el C3, por Torneo… Mis patas dormían en la Fuente de las Palomas… Mi corazón quedó prendido entre el Convento de San Antonio y el 44 de la calle Santa Ana… esa calle que va desde San Vicente… a la Alameda de Hércules.

Y bueno… alguna vez me he reído del juramento en la casa de la Pastora… al salir de alguna Sabatina, o cuando juré de “chupatintas de repuesto”… Pero poco más.

Pero ayer sí se me vino a la cabeza aquel día…

2 01 2013
Fuentedelaspalomas

Porque ayer, a la una menos veinte, estaba ésta llamando a radiotaxi… que tardé dos horas y media en contactar con la centralita de radiotaxi… para ir al 44 de la calle Santa Ana… en el arrabal de San Antonio… entre San Vicente y La Alameda de Hércules. Allí es que había una fiesta, una fiesta particular, entre amigos… Cosa de gente joven… Y es que en la casa de la Pastora, sita en Santa Ana 44 accesoria se reunía el Grupo Joven con algunos amigos de otros grupos jóvenes de hermandades, a despedir el año. Y claro… el Grupo Joven, en Nochevieja, y en la casa de Hermandad… pinta que haya dos o tres de la Hermandad, del Grupo Pureta, que estén al quite… No vaya a ser que alguno se cabreara y tirara para La Alameda… como el de la guitarrita de hace veinte años… que ya sí sé que La Alameda está al cabo de la calle.

Nada me apetecía más ayer que ir a aquella fiesta… Y no para bailar chunta, chunta… no… No me ha gustado de joven, no me va a gustar ahora de vieja… Lo que yo quería es estar en la retaguardia, en la rebotica… compartiendo tarea con los dos o tres que iban a estar encargándose de que nada se saliera de madre. Entrar el año echando un rato, aunque fuera al compás del chunta, chunta, con dos o tres de los de todo el año… charlando de cualquier cosa, mientras intentábamos, sin dar demasiado el coñazo, que los muchachos de la fiesta se divirtieran con el chunta, chunta de ahora y que no se colaran con el bebercio… o al menos que no se colaran demasiado… Porque luego pasa lo que pasa… lo del cotillón aquel de marras, donde todo el mundo salió malamente. Saludar a los que van pasando… los que se quedan un rato a echar un vistazo… los que, como pueden, cuando pueden, en lo que pueden, echan la mano que pueden, porque es algo más que se comparte, con esa gente con la que tienes tanto que ver, aunque cada uno sea distinto y tenga su idiosincracia propia.

Terminé la noche, acabada la fiesta, recogiendo vasos de la casa de Hermandad, y dándole un barrido. Con barrido y todo, estaba tan sucia como aquella nave de cerca de San Antonio, de donde, además de mi Pastora, sale el Buen Fin… esos que salen el Miércoles Santo con una túnica que es el hábito de los franciscanos con el capirote de nazareno. Los chavales de la fiesta se habían ido hacía un cuarto de hora a tomarse unos calentitos con chocolate… Y yo, más contenta que yo misma, antes de coger el taxi de regreso a la Fuente de las Palomas, en La Alameda, recordé mi firme propósito de irme a vivir, cuanto antes pueda, cerca de los leones y de los Hércules… de la calle Santa Ana, del Convento de San Antonio y de la Torre mora y cristiana de San Lorenzo, el lugar más bonito de mi ciudad. Bueno… eso no es un propósito… eso no tengo a estas alturas que proponérmelo: lo haría mañana con los ojos cerrados si pudiera. Si no fuera por esta puta crisis… ya este año hubiera estado allí, pero intuyo -quiero soñar- que no tardaré demasiado en ser parte de mi particular Tierra Santa.

Lo que sí haré propósito este año es de adelgazar, de volver a ensayar, de seguir reenamorándome de la Danza. Tengo poderosas razones para ello: mi gente de Danzaterapia, el Programa en sí, algunos transeúntes que me topé en el viaje que, por envidia sana o por emulación, o por ósmosis, casi, me recuerdan lo bello que es -que debe de ser- volver a vivir por bailar. Me “pican” a que vuelva al tema… ahora que ya me queda poco que perder… casi todo que ganar. Ahora… que además de la Danza tengo cerca -cerca del alma, que no de mi casa- siempre a mi Hermandad, y sé lo bonito que es el cielo entre los leones de La Alameda… a eso de las dos de la tarde, volviendo del Mercado de la Calle Feria. Si todo eso pudiera ser uno… Danza, terruño, Pastora… como si no me hubiera caído nunca… o si me logro levantar… Qué gozada, Pastora Divina… Qué cosa más grande…

Y si escuece… cuando escueza, que escocerá… siempre puedo mirar a los ojos de mi Pastora de San Antonio… La tengo por todas partes… Está ahora preciosa, llena de Luz y con el Niño Dios entre los brazos… En San Vicente, que ya sé por dónde se va a San Vicente… espero no enterarme nunca de por dónde se vuelve… No tengo pensado el retorno. Torneo… no existe hace tiempo de Gavidia adentro del alma.

Llovía, como hace veinte años. No hacía tanto frío… o al menos yo no lo sentía. También es verdad que iba con mi vestido de lana, mi cuello vuelto y me anorak, arreglada, sí… pero nada que ver con ese trajecito de fiesta que tanto coraje me daba…

La verdad es que todo fue -el lugar, la fiesta, le fecha, el clima…- casi como hace veinte años. Casi… Solamente casi.

A mí también me gustan las navidades -y la Noche Vieja- como a usted, Sr. cocinero: con el alma en babuchas, entre la gente de una (tengan o no tengan el mismo apellido en el DNI) y sin hacer todo ese aspaviento desmadrado que hace la gente cuerda todos estos días, jejejejeje.

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