Tapita del 17 de Enero.Iprovisación GGP x 885(Raices de Triana)

17 01 2013

17 Enero 2013

ILUSTRACIÓN:Improvisación GGP x 85.Dibujo a lápiz.Gualberto

Tapita del 17 de Enero 2013

Improvisación GGP x 85

Raices de Traiana

[audio https://gualbertogarcia.files.wordpress.com/2013/01/17-enero-2013.mp3]

Las rtaices que uno ha ido cogiendo en su infancia aun sin ser consciente de ello terminan volviendo con fuerza dependiendo de las circunstancias.

A la larga termina uno sintiendose a gusto con ellas, sobre todo si lo que uno a captado han sido cosas naturales y sencillas como por ejemplo la música, a pesar del desprestigio quwe ha tenido la música, o mejor dicho el dedicarse a la música a la gente de mi generacion los que la hemos tenido alrededor nuestra ya sea con la excusa de comuniones, bodas cruces de mayos cumpleaños etc. hemos tenido suerte, pues nos ha dado fuerzas para responder con dignidad a la pregunta que nos solían hacer… ¿a que te dedicas? ¿yo? a la música. No quiero decir que ¿de que vives? de la música respuesta que dejaba en la persona que preguntaba la idea de que estaba hablando con un bohemio, cosa que no iba desencaminada en muchos casos.

En fin nunca me ha molestado esa pregunta sino al contrario me encantaba, aunqie a veces los frecursos eran pocos… pero la ilusión mucha.

La tapita de hoy tiene más o menos la misma escala de ayer, pero está tocada más a gusto pues me he ido más a lass raices en el sentido de usar la escala dependiendo de las sensaciones… siempre se depende de las sensaciones, pero cuando tienes una sensación que viene de raices primigenias el fluir de la música o de lo que sea es total, nunca hay conflicto ¿porqué? porque estás disfrutando, no pensando y eso te lleva a olvidarte de conceptos que entran en conflicto con vivir el momento, por eso es muy importante para mi haber nacido en Triana, y las cosas serán mejores o peores pero vas disfrutando mientras tocas, hablas, pintas  o estés haciendo lo que sea.

Además el tener claro algo, te abre la mente a otras culturas y te fijas más en las coincidencias que en las diferencias.

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18 01 2013
Fuentedelaspalomas

Cierto… Un árbol sin raíz se seca. Uno que sabía una “jartá” escribió hace tiempo “RAÍCES Y ALAS, PERO QUE LAS ALAS ARRAIGUEN Y LAS RAÍCES VUELEN”.

En cuanto a lo del desprestigio y la bohemia, bueno… yo creo que casi todos/as los/as que hemos tomado ciertas opciones -opciones diferentes o que la mayoría entiende que son diferentes- hemos sido encasillados/as en compartimentos estancos varios, algunos más civilizados y otros menos.

Ya en la misma base, en la educación, a las ramas escénicas las catalogan como ENSEÑANZAS “ESPECIALES”. Que yo siempre he pensado… ¿y la Física, la Química… las Ciencias Naturales… que pueden llegar a curar; la Historia… que es nuestra raíz… no son especiales?. ¿No serán más “espaciales” las Matemáticas, que no las entiende ni su padre, que la Danza, que bailar, mal o bien, baila todo el mundo?. Para mí la Danza es lo más especial del mundo, pero probablemente para un médico lo sea la medicina, y la biología… o para un carpintero el trabajo de la madera. Sin embargo la Danza, el Teatro y la Música son “especiales” (sí, claro… evidentemente… porque los que los bailarines, por ejemplo, tenemos cinco ojos, cuatro brazos, ocho narices… los clásicos tienen dos piernas muy largas con las que andan como patos, y los españoles nos comunicamos en código morse con las castañuelas, jajajajajaja).

Pero yo creo -es una percepción personal, claro- que, estereotipos aparte, no hay nada más bohemio que sentir y dejarte llevar por lo que sientes, y vincular toda la vida a un sentimiento, en este caso, a una vocación. A veces esa bohemia responderá al compartimento estanco en que el noventa y nueve por ciento de los que pasan por delante de nosotros entiende por “bohemia” y otras no.

Todo tiene sus pros y sus contras. Dentro de lo que hacemos y fuera. Usted no sé a lo que se hubiera dedicado si no hubiera sido músico, ni cómo le pudiera haber ido… Probablemente ni usted tampoco. Y dentro de que es lo que es, pues seguro tomó cada trocito del camino por donde buenamente le pareció o por donde supo o por donde pudo.

Cada uno hacemos nuestro propio camino al caminar, que decía Machado, aunque siempre, y vuelvo al poeta sevillano, con la ayuda del rastro de otros caminos de otros que lo hicieron antes que nosotros (esas sendas en la mar…), y es bueno que sea el nuestro, con nuestras inclinaciones.

Yo sé que usted es muy bético, y de Triana. También nos ha contado que estudió en los Salesianos. Pues no sé cómo se llevaréis los de Evangelista con las de San Vicente, pero le voy a contar una historia, que a mí me parece preciosa, no sé al que la lea, y que creo que lleva mucho de lo que significa una inclinación, y lo que hay que hacer con las inclinaciones de las personas, tanto uno mismo como los de alrededor. Y además, como diría Gandía, es verídica: me lo contó la misma salesiana de la que he hablado otras veces.

En Salesianas de San Vicente hay un ángel que, según ella, no se ha cansado nunca de ser salesiana… que ya es bohemia eso también… Y un día que servidora estaba entregando currículos por los colegios, amargada ya y a punto de colgar las zapatillas, se fue al calorcito de la Pastora de San Antonio, como de costumbre, y lo entregó en Salesianas, que está al lado del Convento. Y me atendió ella, Sor Josefina, que estuvo largo rato hablando conmigo de todas estas cosas. Y contaba que ella tuvo a un niño, en Salesianas de Nervión… Antoñito, y que a Antoñito le pirraban las pelotas. Y que como le pirraban las pelotas ella, que vio que el niño le tenía una cosa especial a todo lo que rodara y se le pudiera dar patadas, lo hizo “encargado de las pelotas”. Y el niño estaba en clase más contento que las pesetas. Y a Sor Josefina, que es de lágrima fácil, resulta que se le escaparon dos garbanzos por las mejillas, porque, contaba, ese niño había llegado a ser futbolista y de los gordos. Y cuando me dijo quien era Antoñito a la que se le encogió el corazón, de ver cómo esa maestra hablaba de “Antoñito”, era a esta servidora. Ese “Antoñito” del que hablaba era Antonio Puerta, que hacía meses que había fallecido, como todos sabéis, en el campo.

Y ella hablaba de Antoñito casi sin pena: se ha dedicado a lo que le ha gustado siempre, desde chico: a las pelotas. Como que lo demás… importaba menos. Que más valían pocos años y así que muchos y haciendo una vida que no era lo que ella sabía que era “lo suyo” desde niño. Y no lo decía, pero se notaba que se identificaba plenamente con “Antoñito”, Ella estaba (y está) mal, jodida, con problemas bastante graves de salud… muy limitada… pero era salesiana. Y con qué dulzura decía que era salesiana, y te mandaba a contarle lo que tuvieras a María Auxiliadora, que yo desde entonces no falto una procesión a verla por San Vicente. Y con qué convencimiento te contaba que a los niños hay que hacerlos ir por donde van sus inclinaciones… como si fuera -que lo es- el derecho más grande que pueda tener cada persona.

Ese currículo no me sirvió para nada… pero la tarde no la olvidaré en la vida, y a Sor Josefina tampoco. Siempre que la veo la saludo, aunque sé que a lo mejor ella no se acordará de mí… Pero de lo que nunca se olvida es de que es salesiana. Esa vocación, ese amor por lo que es, por lo que siente, por lo que hace… hasta el punto de haber perdido casi la capacidad de recordar y seguir diciendo “yo soy salesiana… yo no me canso de ser salesiana”, con dos lágrimas en los ojos. Ese identificarse con cada uno en su propia inclinación… me sigue colmando el alma de ternura y de vocación, y de dignidad, y de admiración… Y de agradecimiento.

Eso, para mí, es la vocación. Es eso que permanece, y que has de hacer permanecer para siempre porque es tu inclinación natural, lo más importante de tu manera de ser, tu asunto más importante. Y a veces es muy difícil seguir con todo para adelante… pero bueno… más difícil es estar privado de bailar, o de hacer música, o de ser salesiana, o de lo que sea.

En fin… yo no crecí en San Vicente… pero cada vez estoy más convencida de que a mí me tuvieron que recojer mis padres de una inclusa. Yo tengo toda la pinta de haber venido al mundo entre las atalayas de San Antonio y la torre de Omnia Sanctorum… O es que me pasará como a los árboles viejos, que van echando raíces casi igual que van echando ramas, o más… y no todas debajo de la tierra que les vio nacer.

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